viernes, 19 de octubre de 2018

“Na nankedan txaimaki, manawe benadan. Hadan usankeskaki na maianudan” “El color verde es esperanza, perdón y reconciliación. Es la sonrisa de la tierra” (Lengua Hunikuin)


A lo largo de todo este tiempo, la gente de “NOPOKI” me pregunta:
¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí? ¿Y por qué tan lejos?
Preguntas que aparentemente tienen fácil respuesta y que a la hora de contestar me limito a la superficialidad de estas, sin entrar en lo que verdaderamente me lleva a realizar una cooperación de tal magnitud. Estas preguntas han despertado mi curiosidad, por ello, me las he lanzado a mí misma de forma que pueda encontrar una respuesta bien argumentada, consistente y a la altura.
Mucho antes de saber si tendría la oportunidad de participar en este proyecto, me consideraba una persona con inquietudes, con ganas de aprender y sobre todo con entusiasmo e ilusión por conocer lugares nuevos y personas maravillosas.
Justo en este momento pienso en mi familia. Pienso en los inicios de mi madre como maestra fuera de nuestra querida Córdoba, pienso en mi padre y la cantidad de horas que le ha dedicado al volante de nuestro coche, y pienso en mis compañeros de viaje, mis hermanos. Todos los años empezábamos una vida nueva, conocíamos nuevos lugares y personas, y con todo ello, aprendimos lo que significa tener una gran familia. Esa es la verdadera razón de por qué estoy aquí. Mi familia me ha forjado así y por eso vivo la vida de forma intensa, como si fuera a acabar hoy mismo.
Perú me ha abierto una puerta para acércame a aquello que me gusta, con lo que disfruto y en definitiva con lo que soy. Perú me ha abierto la puerta a una nueva vida y con ello, a interiorizar aspectos de todas las formas y colores posibles.
La labor que realiza una persona voluntaria no es la de querer cambiar realidades, no es extrapolar leyes ni conocimientos. La labor que realiza una persona voluntaria; es ir más allá de lo conocido, es preocuparse por observar y entender la cultura, hacer ejercicios muy grandes de comprensión, desvincularse por un tiempo de su ego y querer formar parte del contexto.
Ahora quiero ser honesta con mis palabras, y deciros que todo este camino no es color de rosa, hay muchas espinas de por medio.
Recuerdo una dinámica que hicimos en los talleres de preparación a nuestro destino, donde debíamos de exponer de forma personal aquellos miedos y oportunidades que teníamos de cara a nuestra experiencia. En cuanto a oportunidades redacté una lista infinita, sin embargo, mi miedo era solo uno, “las serpientes”. Ya contaba con una experiencia previa de cooperación, y “más o menos” podía hacerme una idea de cómo es el funcionamiento, lo que no sabía es que me estaba equivocando por completo. Sin querer estaba proyectando una experiencia vivida con otra que no tiene que ver en absoluto, de eso me di cuenta nada más pisar la selva.
Me bajé del coche y me senté en un “rebate” del Vicariato de San Ramón. Estaba muy asustada, no lo voy a negar, pero de mi misma. Estaba asustada porque mi cabeza no paraba de juzgarme. Ahí sentí miedo. Empecé a cuestionarme mis valores como persona, mis opiniones, mi ideología, mi forma de ver la vida, mi lucha… sentía que me fallaba a mí misma y creedme, esto me mataba por dentro. Sin más, intenté asimilarlo todo y pensé:
Marina, no te preocupes. Cuando aterrices en Madrid, la primera persona que va a abrazarte vas a ser tu misma. Va a ser esa Marina que despediste hace unos meses y te querrá más que nunca.
Casi en el ecuador de mi experiencia me he dado cuenta, que esa Marina venía conmigo y era mi principal miedo, algo así como la conciencia.
Son muchos los momentos que tengo para dedicármelos, y donde antes veía negatividad, ahora encuentro riqueza y positividad. Mi idiosincrasia sigue estando ahí, con la diferencia, que poco a poco va adquiriendo más solidez a la vez que plasticidad.
Cada día que pasa, intento analizar todo lo que he hecho, todo lo que he dicho, todo lo que he enseñado y, lo que es mas importante, todo lo que he aprendido. Mi lucha sigue siendo la misma y si cabe, ahora con más motivos y razones. Creo en la igualdad y la justicia y creo en la humanidad de las personas.
Hace unas semanas, exponía una conclusión de cómo se ha tergiversado la historia y, aprovechando la fecha en que estamos, necesito y quiero recuperar dicha reflexión, con la pretensión de compartir algo que es realmente cierto.
El 12 de octubre en España, es un día importante ¿Verdad? Es el día en que salimos a las calles con orgullo y entusiasmo para celebrar nuestra identidad, para celebrar lo que somos, para sentir la unidad patria… ¡Qué pena! ¡Qué manera más fácil de engañarnos!
América no fue descubierta por nadie, ya estaba ahí. En esa inmensidad virgen, vivían muchos pueblos diferentes, con una riqueza cultural infinita y con unas formas de vida propias. Tenían sus diversas lenguas, grandes conocimientos en medicina natural y un desarrollo particular y muy bello de las artesanías originarias. Se trataba por tanto de formas de vida diferentes a las nuestras y… eso es ilógico ¿No? Desembarcamos en esta tierra, nos apropiamos del territorio y aplicamos nuestras formas de vida. Les despojamos de sus identidades, transformamos sus realidades y si encontrábamos resistencia, el precio a pagar era muy caro. Desvalijamos, rompimos, saqueamos, quemamos, abusamos, violamos, robamos, matamos… cometimos el mayor genocidio de la historia y ¿De verdad sentimos orgullo? ¿De verdad es una fecha para recordar? ¡Me aterran nuestras fiestas nacionales!
Me quedo mucho más tranquila exponiendo todos estos hechos, de forma que empecemos a tener conciencia histórica. Podéis estar de acuerdo o no con mi argumento, pero a veces es necesario un jarro de agua fría para despertar y comenzar un ejercicio de “concientización”.
En realidad, el 12 de octubre, es el día de la Resistencia Indígena. El día en que con mucha valentía debemos recordar lo que ocurrió verdaderamente; un día que celebra el respeto, el perdón, los valores y la unidad.
Cada mañana al levantarme, me siento en casa. Siento que formo parte del mundo.
A veces aprovecho la calidez de esta tierra y cierro los ojos. Cuando el sol choca con mi rostro veo todo de colores verdes, es más, puedo describir el olor del color. Entonces es cuando aprendes que tus manos se enraízan con la “Pachamama” porque se convierten en tierra. Aprendes que ir descalza significa valor y respeto por la vida. Aprendes que en el corazón te cabe más de lo que imaginas. Aprendes a reconciliarte contigo misma…
Ahora sé quién será la primera persona que abrazaré a mi vuelta, estoy segura de que me querrá más que nunca. Lleva el nombre de una flor. Ella es Rosa, mi madre.
¡En mia ikuai, nukun en na bubedan! ¡Hawaida min hayanuna na txanidan! (Lengua Hunikuin)
¡Un gran abrazo, familia! ¡Pronto tendréis noticias mías!

viernes, 5 de octubre de 2018

“Atiri ñeirori iroshankane imatiro yoikameetsatiro kipatsika asaikajetantari” “El mundo lo cambian aquellas personas que conocen su corazón” (Lengua Asháninka)


Si mal no recuerdo, hace justo siete años empecé a estudiar la carrera de Trabajo Social. Dentro de la programación académica, una de las asignaturas llamó muchísimo mi atención. Antropología Social, es de esas materias que te gustan muchísimo o que odias a más no poder, y en mi caso fue “amor a primera vista”. Hoy agradezco y valoro lo que mi profesor, Francisco Llorente Marín trasmitió tan generosamente. Por eso, en esta entrada voy a intentar mostraros las entrañas, abrir en canal los conocimientos e intentar afinar al máximo los detalles de la realidad que ahora me abraza.
Si antes de poner un pie en esta maravillosa tierra, me hubiesen preguntado acerca de la palabra identidad, ni por asomo podría describirla como ahora.
En términos generales puedo definir la palabra identidad como: el derecho de pertenecer al mundo, la libertad de quererte y el derecho a desarrollarla. Aquí entro en conflicto con aquellas teorías occidentales, donde la identidad se ha limitado a definirnos con base a la estructura social de partida, con nuestra sociedad oriunda, con nuestra estructura “civilizada” y “desarrollada” y ha dejado a un lado los valores que nos definen como personas.
Os cuento una anécdota. Es mucha la gente, que hablando conmigo, han concluido diciéndome: ¡Nunca hubiese imaginado hablar con una persona como tú! Sorprendida le respondo: ¿Cómo yo? ¿En qué sentido? -Suspiran e incapaces de mantener la mirada me responden: ¡Tan blanquita como tú, tan inteligente y de Europa! ¿Vosotros sabéis qué tan doloroso es eso? ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué nos diferenciamos constantemente? Siendo sincera, os digo que es una sensación muy triste, una sensación de completo vacío y mi cabeza no para de preguntarse por qué. Por desgracia, no tengo una barita mágica para arreglar el mundo; pero si tengo esta vía para contároslo y animaros a que cambies la percepción de las cosas, a que cambies una sociedad basada en estatus raciales y a que seáis justxs con la vida.
Hace no muchos días, tuve la oportunidad de conversar con Limber, un chico del pueblo originario Asháninka, que me contó cómo fueron tratados durante la época histórica de “la reducción de los pueblos” (1600). Después de hablar un buen rato y por mi parte intentar digerir toda la barbarie, me preguntó: Marina, ¿Sabes qué significa Asháninka? Mi mirada creo que respondió, por lo que procedió de la siguiente manera: La “A” es un prefijo plural y “Sháninka” hace referencia a persona, hermanx, gente… por tanto nosotrxs somos personas, hermanxs y gentes. Limber sonrió y me dijo: Marina, tu eres Asháninka. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y no tuve nada más que decir al respecto. Ojalá estas sensaciones pudieran experimentarlas todas las personas, porque no hay nada más puro en la vida que querer a un hermanx y hacerle sentir que forma parte de ti.
Cuando hablo con vosotrxs para contaros mi experiencia, siempre encuentro palabras de aliento y de fortaleza. También me decís en muchas ocasiones lo valiente, aventurera y capaz que soy para estar en un lugar como este. Y es verdad, no os equivocáis ¿Sabéis por qué? Porque no tengo miedo a querer, no tengo miedo a aprender y no tengo miedo a conocer la vida. Todas las personas que conozco me hacen más grande y me hacen ser capaz de mirar el mundo de todos los colores posibles. Es cierto que en muchas ocasiones me planteo por qué estoy aquí, qué hago realmente en este lugar, cómo puedo ayudar con mi presencia; y en esos momentos es cuando pierdo la paciencia, me siento derrotada y me inunda la angustia. El otro día me sentía así y quise conversar con Padre Curro para que me ayudara a poner los pies en la tierra, (¡No es malo pedir ayuda cuando la necesitas!) y tras una extensa charla, muchas risas y comprensión, le dije: Padre Curro, le confieso que siempre quiero arreglar el mundo, y en lo más profundo de mi ser, soy consciente de que es imposible ¿Por qué? ¿Por qué es imposible arreglar el mundo? Él se empezó a reír con su característica risa y me respondió: Marina, arreglar el mundo es más sencillo de lo que parece, pero primero tenemos que ser felices. Si en este mundo todas las personas supieran lo que es la felicidad, el mundo se arreglaría en un momento. La felicidad no es tener “plata”, la felicidad no es tener posesiones… la felicidad es compartir, es interesarse por los demás, es querer a las personas sin perjuicio de su etnia, religión, cultura… Todo esto parece sencillo, pero la triste realidad es que no reparamos en ello. Nos importa el bienestar de la gente más cercana, pero no nos interesa el bienestar de la humanidad en su conjunto.
Puede que sea muy dura con las palabras, pero en mi propia realidad sigo viendo esos desajustes, esa superioridad clasista, esa marginación a lo “diferente”, esas ideologías que alimentan y fomentan el odio y en definitiva esa pasividad con la que dejamos de ser personas para convertirnos en máquinas alienadas.
Con todo ello, he llegado a la siguiente conclusión:
Occidente fracasó contando estas realidades, fracasó porque no contó la verdad y fracasó porque su discurso ha conseguido segregarnos y diferenciarnos como personas.
Ahora es el momento de empezar un nuevo camino, de rugir como un “otorongo”, de defender los derechos humanos, de aportar lo que podamos en función de nuestras posibilidades, de conseguir la igualdad, de no conformarnos. Es el momento de hacer cosas realmente maravillosas.
Mañana cuando os levantéis, trasmitir cariño a aquellas personas que se crucen en tu día. A tu familia, a tus compañerxs de trabajo, a la persona que te atiende en el supermercado, a la persona que te sirve un café… sonreír con todo vuestro cuerpo, y seguro que al terminar el día, sentiréis la mayor de las satisfacciones que podéis experimentar. ¿Os gustaría ser valientes? ¿Os gustaría ser aventurerxs? Pues todo eso está en vosotrxs mismxs si conseguís deshaceros de los miedos que os lo impiden.

¿Os sentís con fuerzas de cambiar el mundo? ¡¡¡YO SI!!!
¡Aparo abitsanotaantsi! ¡Korakani piyotakotajena jaoka nokanta! (Lengua Asháninka)
¡Un abrazo! ¡Pronto tendréis noticias mías!

viernes, 21 de septiembre de 2018

“Yorakeska sikakanra jatinete meniai non kaya” “Los colores de la piel es lo que da vida al alma”. (Lengua Shipibo)


















Hace quince días de la última publicación, pero sinceramente no me he dado cuenta. Los días pasan muy rápido y no paro de crecer al igual que una flor en primavera.
En esta entrada me gustaría hacer algo especial; por ello, quiero hablar de diversidad, de multiculturalidad, de sonrisas, de generosidad, de compartir y, en definitiva, de lo maravilloso que es conocer gente con auras repletas de belleza.
¿Qué significa NOPOKI? En lengua Asháninka se traduce como "estoy aquí" así que, os tranquilizará saber que estoy muy bien, muy contenta y empezando a vivir toda esta experiencia.
Aquí, cariñosamente soy la “Gringa”, pero os puedo asegurar que ni por un solo instante me he sentido diferente, es más, siento que formo parte de una gran familia. ¿Sabéis a qué se debe esto? En Atalaya conviven una pluralidad de etnias y es sorprendente como entre unas y otras se complementan, es lo que yo llamo una reciprocidad comunitaria, por tanto, el enriquecimiento personal trasciende en unos valores humanos que poco se ven en nuestros “cómodos” países.
En estas semanas, el objetivo que me he propuesto ha sido el de adentrarme en las culturas con más profundidad; en conocer todos los aspectos que hacen característica a cada una de ellas, en observar el porqué de las cosas y en valorar la vida. Tanto ha sido así, que he participado activamente en este proceso empezando por la danza. No me gustaría continuar sin antes presentaros a la persona que ha confiado en mí para tan importante labor, ella es la profesora Ada. Ada es preciosa por dentro y por fuera, alegre, simpática, inteligente y muy divertida, que, sin saber si bailo bien o no, decidió incorporarme en el grupo como una más, y es por eso por lo que el pasado 15 de septiembre tuve la oportunidad de formar parte del elenco de danza de Nopoki, en el “IV Festival de Danzas Amazónicas de la región de Ucayali”. Al principio os podéis hacer una idea de lo que era aprender dichos pasos, pero en cuestión de dos días me había convertido en una bailarina Asháninka muy graciosa. Me prestaron una preciosa Cushma Ashéninka, alisaron mi frondosa cabellera rizada (no sabía que era tan rubia), y me pintaron la cara con “achiote”, una pintura parecida al carmín, elaborada con semillas de ese mismo nombre machacadas y, ¡ya estaba lista para danzar! Me hizo mucha gracia cuando todxs me vieron, porque me preguntaron con sorpresa e incluso con miedo: ¡¿Dónde están tus rizos, Marina?! Por lo que se ve, además de mi piel es lo segundo más característico. El acontecimiento estuvo muy a la altura y nosotrxs, lxs nopokinxs, disfrutamos muchísimo del espectáculo y de nuestro esfuerzo. Ahora nos toca seguir trabajando en la segunda danza de carácter guerrero, donde representaremos la etnia Shipibo. Este acto se celebrará el 29 de septiembre, un día muy especial porque, además de ser la final del festival de danza, es también mi cumpleaños y creo que va a ser muy diferente al del año pasado, pero sin duda mágico. ¡Ya os contaré!
Es preciosa toda esta experiencia ¿verdad?
Ahora, desde una realidad muy distinta, me gustaría lanzar una reflexión y que toda aquella persona que tenga la oportunidad de leer estas líneas pueda sacar conclusiones y analizar algunos aspectos vitales.
¿Qué pensaríais si, de la noche a la mañana no tuvieseis agua en vuestras casas? ¿Y si no hubiese luz? Dificulto un poco más la situación, ¿Y si no tuvieseis nada para comer? ¿Qué pasaría si os resultara imposible darle una educación a vuestrxs hijxs? ¿Y si no pudierais curar un simple resfriado?
Yo, sinceramente, buscaría todas las formas posibles y necesarias para cambiar esta realidad ¿No?
Ahora bien, la gente que recibe Nopoki vienen de diferentes comunidades, donde la gran mayoría tienen muchas de estas carencias. Desde bebés aprenden lo que es el esfuerzo y el valor de las cosas, aprenden que una botella vacía de “Coca cola” es un recipiente estupendo para guardar agua o algún alimento, aprenden a comer lo que hay sin excepciones y luchan para cruzar el país entero de forma que tengan una oportunidad para estudiar. Aquí “el sacrificio es muy grande”. Más de lo “que podemos imaginar”. A veces, en fechas señaladas quizás no haya nada con lo que celebrar y así podría estar horas y horas redactando estas realidades…
La finalidad de estas palabras no es trasmitir tristeza ni desánimo, la finalidad es crear CONCIENCIA, por ello os propongo lo siguiente:
Amad con locura todo lo que tengáis, creced con plena libertad, apoyad la multiculturalidad sin caer en aspectos interculturales que segregan al mundo, disfrutad de una ducha y de un plato de comida, valorad cualquier presente, compartid vuestra vida y dad gracias por la suerte que habéis tenido.
En este sentido, yo soy afortunada porque agradezco al caprichoso destino el estar hoy aquí y poder contar todo lo que esta experiencia significa para mí, y de esta forma poder cambiar, aunque solo sea un poquito, la realidad de los que me leéis; porque aquí solamente recibo lecciones de vida y humanidad a través de las sonrisas, del cariño, de gritar ¡Cuqui, vamos a estudiar! De sentarme a cenar con la que ya es mi gente, de disfrutar de sus historias, de salir de vez en cuando y compartir unas “chelas” (eso sí, siempre San Juan) y, en definitiva, de rebosar de alegría cuando por las noches me voy a dormir y hago repaso de mi presente.
¡Ea koshin ikowe! ¡Ea winota jawekiboyara mi aino xiki! (Shipibo)
¡Un abrazo muy fuerte! ¡Pronto tendréis noticias mías!

viernes, 7 de septiembre de 2018

¡NOPOKI! ¡PRESENTE!



¡NOPOKI! ¡PRESENTE!

Con esta entrada, tengo la intención de transportaros a la que será mi experiencia de seis meses en una universidad en mitad de la selva peruana, y no cualquier universidad, sino un centro de estudios que se caracteriza por la pluralidad étnica de diferentes comunidades y culturas indígenas.
Pero quiero comenzar relatando todo el proceso hasta llegar a Nopoki.
Cuando aterricé en Lima, eran las 18:30h. Cruce esa puerta de “Llegadas” y visualicé mi nombre en un folio, ¡Era Linda! La persona que se prestó a recogerme y enseñarme Lima antes de partir a mi destino final. Linda ha sido la mejor anfitriona que una podría tener. Por las mañanas preparaba desayunos riquísimos, y siempre estaba dispuesta a enseñarme un poquito de su ciudad. Hemos compartido momentos muy especiales, además de vivencias personales. Es una persona que sorprende, porque desde primera hora te hace sentir como en casa, cuidando hasta el último de los detalles. Sinceramente, me costó despedirme de ella, porque en muy poco tiempo conectamos de maravilla. Así que, tras seis días de relax en Lima, comenzó mi viaje hasta la que ahora es mi casa.
Como siempre, Linda ya se había despertado para tener el desayuno más que listo, y yo mientras tanto ultimaba mis cosas para empezar a viajar. En un principio, partíamos a las cuatro de la mañana, pero aquí todo lleva su tiempo, por lo que la hora inicial se pospuso dos horas más tarde. Aun así, yo estaba feliz a la vez que nerviosa, por ello, empezaba el momento de preguntarme muchas cosas acerca de mi llegada. El primer trayecto duró aproximadamente doce horas, (aquí las distancias son completamente diferentes a como estamos acostumbradas en España) es entonces cuando llegamos a Satipo para descansar. Muy temprano al día siguiente, retomamos la ruta y mis nervios aumentaban cada vez más, ya que sabía que esa noche conocería Nopoki. El viaje fue una maravilla para mis ojos, la diversidad de paisajes era muy notable, además de los diferentes contrastes que hacían especial cada lugar por el que pasábamos. Comenzamos dejando atrás una gran urbe y de repente entramos en la sierra, donde pasamos por el pico más alto del Perú, Ticlo, llegando a alcanzar algo más de los 5000 metros. El mal de altura estuvo presente, pero nada que no pueda arreglar una infusión de coca y maca. Apenas llevamos varios kilómetros de sierra, cuando de repente, como de la nada, empieza a cambiar la temperatura. Un calor sofocante que, incluso abriendo las ventanas del coche, afecta aún más y, es que ¡empezamos a entrar en la selva! De repente cambia todo el paisaje, lo que antes era de colores marrones áridos, empieza a colorearse de verde y de frescura. Todo era nuevo para mí, nunca había visto tanta vegetación tan diferente y tan bonita. Además, empezaron a surgir esos llamados “choques culturales” donde en medio del camino se veían algunas comunidades selváticas. Era fascinante ver sus Cushmas (ropa originaria), Malokas (pequeñas casitas hechas con palmeras) y en definitiva una organización tan distinta pero muy especial y comunitaria. El camino cada vez pesaba más, ya que no era asfaltado y con la noche empezaba a ser peligroso. Eran numerosos los camiones que bajaban cargados de madera de árboles gigantescos, es ahí donde empiezo a darme cuenta, que es cierto lo que dicen los medios de comunicación con respecto a la situación que está viviendo el Amazonas, por lo que me preocupé y pregunté a mis compañeros de viaje acerca del tema.
Empezaba a impacientarme y cada bache se convertía en algo doloroso, hasta que, por fin, a algo menos de tres kilómetros se empiezan a ver las luces de Atalaya, el pueblo del departamento de Ucayali que acoge con cariño a Nopoki. Pero antes de llegar, era necesario hacer una importante parada para conocer al que va a ser mi guía en esta preciosa experiencia, él es el Padre Curro, un Aragonés muy majo, que me da la bienvenida con una gran sonrisa. Tras la parada, por fin llegamos a Nopoki y ahí se empezaron a activar todos mis sentidos, ya que a medida que entraba me sentía más y más entusiasmada. Bajamos del coche y ya nos esperaba una cena propia de tan largo viaje; patacones (qué cosa más rica), huevos revueltos y pan, además de un cafelito calentito que, para mi gusto, con dos hielos hubiese estado mucho mejor, porque el calor era insoportable.
Después de cenar conocí mi habitación, y comienzo toda la organización para habitarlo, pero es tal el cansancio que decido dejarlo para el día siguiente.
Ahora sí, empieza mi aventura en Nopoki y con ello el trazo de un sistema de trabajo definiendo las funciones que llevaré a cabo. No he terminado de anotar tales indicaciones, cuando Padre Curro me propone una primera aventura para conocer las comunidades y es ni más ni menos que viajar a Breu, una zona que se encuentra en el corazón del Amazonas y que limita con Brasil, yo rápidamente le digo que sí, ya que entrar en Breu es algo muy especial que no todas las personas tienen la oportunidad de hacerlo y más si se trata de llevar ayuda humanitaria; así que sin siquiera haber puesto los pies en la tierra, me dispongo a preparar el siguiente viaje.
Para llegar a Breu, tomamos un avión militar hasta Pucallpa donde pasamos varios días hasta poder coger una avioneta que nos llevara directamente, ya que no existe otra forma de poder adentrase en este territorio. Una vez llegados a Breu, el equipo se convierte en multiusos, por lo que nos convertimos en cocineras, enfermeras, auxiliares de veterinaria y un sinfín de cosas más. La realidad que allí se vive da muchas lecciones y es cuando te das cuenta de todo aquello que tienes y que no analizas su valor. Escasa alimentación, sanidad e higiene brillan por su ausencia, pero valor humano incalculable. Son varias las veces que me he emocionado, porque es una realidad que te pone el vello de punta y hace que de vez en cuando te salga una tímida lagrima de los ojos.
Tras esta gran aventura que seguro recordare toda la vida, regresamos a Atalaya en un bote por el río y es cuando logro llegar a Nopoki para empezar a coordinar las diferentes actividades que llevaré acabo con el alumnado.
Son las 7:30 de la mañana, mi día acaba de comenzar. Para lxs Asháninka, Ashéninka, Awajún, Nomatsiguenga, Matsigenka, Wampis, Hunikuin, Yanesha, Nahua, Shipibo y Yine empezó a las 5:00h de la mañana, faenando en las diferentes tareas que tienen distribuidas y es ahora cuando se disponen a ir a clase tras el desayuno.
Al principio es difícil conectar con el alumnado, aunque la cordialidad, el respeto y la simpatía es muy característico, por lo que constantemente te saludan (no sé cuántas veces al cabo del día digo buenos días, buenas tardes y buenas noches), pero eso es cuestión de dos días y rápidamente empiezan a compartir contigo y a querer conocerte.
Me gustaría hablaros un poco de Agata, una voluntaria polaca que estuvo hasta hace unos días como doctora en la posta médica. Aunque hemos estado muy poco tiempo juntas, ha sido un gran apoyo para el inicio de mi experiencia, por ello quiero darle las gracias y recordarle por esta vía que, ya tenemos prometidos unos viajes España – Polonia y viceversa.
El tiempo que llevo en Nopoki ha sido muy intenso y muy variado, donde ha habido lugar para compaginar el trabajo y el ocio, además me he dado cuenta de que es un lugar muy festivo, alegre y precioso.
Hoy, a un mes de estar aquí quiero compartir estas vivencias tan bonitas y especiales, además de dar las gracias al grupo de profesionales del ayuntamiento y de la organización que hacen posible el enriquecimiento personal de las personas.
Un abrazo trasatlántico enorme y pronto os seguiré contando sobre esta gran aventura.

























domingo, 8 de julio de 2018

EMPIEZA LA AVENTURA

24 horas más tarde de salir de España llegamos finalmente a Sicuani. La primera semana fue difícil ya que me afectó mucho el mal de altura, o como dicen aquí, “el soroche”. Gracias a mi compañera Raquel, al personal de Apaine y a Nelly y su familia, me sentí muy cuidada y como en casa. Una vez que nos habíamos adaptado empezamos a conocer Sicuani y a integrarnos en el equipo de Apaine y conocer el trabajo que realizan. 



Apaine es un Centro de Rehabilitación y Estimulación Temprana especializada en niños con diversidad funcional procedentes en su mayoría del Colegio San Miguel. Pero la función de Apaine va más allá, tienen un compromiso social con los vecinos de Canchis, ya que de esta terapia física también se benefician otros niños y adultos con diferentes necesidades. 




Nos alojamos dentro del centro, en casa de Nelly, su marido José, sus hijos Jimena, Carlos y Luana, su sobrino Luis, y dos niños más que viven junto a ellos, René y John. Ellos se encargan del mantenimiento y de cuidar del centro. La familia nos acogió como si fuéramos dos más.  


Junto al personal de Apaine fuimos a ver el partido de Perú contra Francia en el centro de Cáritas, allí conocimos a más miembros de la Prelatura de Sicuani
Hicimos varios viajes, para adentrarnos en la cultura de aquí. Uno de los viajes que hicimos fue a Maranganí. Lo hicimos junto a Margarita y Héctor, personal de Apaine. Estuvimos paseando por la feria y viendo las artesanías que allí se vendían. Algo que me impacta mucho desde que llegué a Perú, son los paisajes  tan impresionantes que se ven. En el camino a Maranganí vimos muchas aldeas perdidas entre los montes, rodeadas por un inmejorable paisaje. 



Una vez que más o menos estuvimos adaptadas a la altura, empezamos a integrarnos con el equipo. 
Pasamos consulta con Héctor, el fisioterapeuta que coordina el centro, en estas consultas, él evalúa a los pacientes y les programa una terapia física según sus necesidades. 


En cuanto a los niños, nos llama mucho la atención la cantidad de niños afectados por parálisis cerebral que hay en Sicuani y los alrededores. Muchos de estos niños sufrieron problemas en el parto o en el embarazo. 
La próxima semana empezaremos a evaluar a los niños del Colegio San Miguel, para poder ofrecerles los mejores cuidados según sus necesidades. Os seguiremos contando nuestra aventura en Sicuani. 
UspalaiRocío
















martes, 17 de abril de 2018

Nueva fecha 9ª Ruta Solidaria: 5 Mayo


Querido amig@,

Queremos contar contigo de nuevo para la 9ª Ruta Solidaria que la ONG Setem-Córdoba, en colaboración con la asociación Hamor, organizamos en Córdoba el Sábado 7 de abril. Nos encantaría que participaras. En los siguientes enlaces puedes ver vídeos de otras ediciones de la ruta:
Nuestro objetivo es que conozcas nuestras actividades como la ruta, donde todos ganamos, dejamos atrás la rutina y durante esta jornada mostramos que otra forma de vivir y disfrutar es posible ayudando a los demás. Este año, como el año pasado, nos acompañará el naturalista y escritor Joaquín Araujo. Los beneficios irán destinados a una comunidad de niños en Gangassau (Camerún): YIDE BIKOUE que significa EL AMOR DE LOS NIÑOS en lengua local. Os dejamos los enlaces a la definición del proyecto y la página de facebook:
https://www.facebook.com/yidebikoue/?fref=ts

Te esperamos a las 8.30 para desayunar. Después puedes unirte a la Ruta de senderismo para adultos o para pequeños. Durante el paseo podrás conocer qué hace SETEM en Córdoba, España y otros países, para esto nuestros voluntarios internacionales podrán contar de primera mano sus experiencias, todo esto en un ambiente tranquilo y sin prisas. Además, se celebrarán talleres para todas las edades (niños menores de 13 años gratis) y un concurso de tapas.Tras la ruta, comida y bebida ayudarán a reponer fuerzas después del camino. Y por la tarde podremos disfrutar de espectáculos, música en directo y muchas más sorpresas. 
Recuerda que para que todo esté bien organizado necesitamos que te apuntes (rellenar inscripción). Toda la información y cómo inscribirte la encontrarás en la web www.hamor.es. También puedes ayudarnos a compartir el evento con todos tus contactos y redes sociales. Si no puedes venir y quieres colaborar, puedes hacer tu donativo, compartir este evento en facebook, imprimir el cartel, pegarlo en tu trabajo o cualquier otra cosa que se te ocurra.

¡¡No olvides que puedes invitar a familiares y amigos. Cuantos más seamos mejor!!

Muchas gracias y esperamos verte disfrutando con nosotros !!!!!

¡¡ ANDA VEN !!